Un día hermoso, día nublado y lluvioso, de esos pocos días frescos que tenemos al año en Managua.
Todo transcurre con total normalidad en la clínica 14 en el hospital Roberto Calderón Gutiérrez o antes conocido como Manolo Morales Peralta.
La clínica 14 abre sus puertas a las 7 am, donde se atienden a diario cerca de 200 o más pacientes de todo el territorio nacional con diferentes tipos de cáncer. Un grupo de doctores y enfermeros están a cargo de atender a este segmento de la población.
La espera es larga, al inicio uno se desespera, sin embargo, conforme pasa el tiempo y varias consultas se aprende a tener paciencia. Además, hoy les puedo decir que cada minuto de espera ha valido la pena, pues nos atienden de los mejores médicos que hay en el país. El programa de oncología del Manolo Morales hoy por hoy es uno de los mejores, por la calidad de sus médicos.
Algunos dirán que las condiciones de este hospital son muy precarias y visibles, y no lo niego. De esto diré que este es uno de los hospitales más antiguos de Managua y en el que menos se ha invertido a nivel de infraestructura. Son muchas las carencias en todo el sentido de la palabra, pero la calidad de los médicos lo compensa jeje. Ojalá en un mediano plazo, se invierta una buena partida presupuestaria en este hospital.
Desde las 5:00 am muchas mujeres y hombres llegan a este lugar, la tristeza y el desánimo es evidente en los rostros, pero a la vez, por dentro se lleva la esperanza de luchar y tener una mejor calidad de vida. Ese sentimiento de desánimo es normal, después de todo entrar a la sala de quimioterapia en buen estado y salir quebrantado no debe ser fácil. Cada familiar está atento al llamado de la enfermera para recibir a su respectivo paciente, con suerte se sale caminando bien, si es que los mareos, vómito o dolores no son tan inmediatos.
Me impresiona que en su mayoría son mujeres las afectadas por esta enfermedad, estoy hablando de cáncer en cualquier parte del cuerpo. Cada caso es distinto y por ende el tratamiento y las dosis varían. En mi caso, me ha tocado enfrentar el cáncer de tiroides, que hasta cierto punto, siento que se desconoce mucho sobre el tema y espero poder hablar de ello en otro escrito.
Los enfermeros de la recepción son personas muy amables, Róger se encarga de recibir las citas y pasar los expedientes a los doctores. Carlos le toca recibir los papelitos de citas e ir a registro a buscar los expedientes de cada paciente. Camina N cantidad de veces, va y viene a cada instante y me pregunto ¿en qué momento descansa? Fijo le duelen sus pies o tal vez ya está acostumbrado, lo cierto y puede sonar gracioso, es que debe gastar mucho en suelas para sus zapatos :-)
Adentro, en la clínica de los doctores, siempre nos reciben con amabilidad y sonrisas, revisan exámenes pendientes y nos explican cuál es el próximo paso. Es admirable el trabajo que realizan, ellos para mi son también héroes anónimos e instrumentos de Dios. Ayudan a tantas personas y estoy clara que es parte de su trabajo, pero se nota que aman lo que hacen y muestran humanismo con el paciente. Admiro su forma directa de hablarle al paciente, no es fácil tener que decir cada día a distintas personas que tienen cáncer, algunos en etapa inicial, otros en etapa intermedia, otros ya avanzados, y al mismo tiempo, decir una palabra de aliento.
Además, la jornada es pesada cuando ellos como doctores pasan en cirugías y luego deben atender las consultas en la clínica 14, me surge la curiosidad ¿En qué momento comen?. Ustedes saben, son las preguntas existenciales que pasan por mi cabeza en las 4 o 5 horas de espera.
La señora de la limpieza siempre muy dedicada, se apoya de su lampazo y su escoba para mantener limpia toda el área de la clínica. Se concentra tanto en su trabajo que rara vez sonríe y ve a la cara a las personas, pero es muy amable, me consta.
Mientras las horas pasan, afuera las pláticas empiezan a aflorar, son esas pláticas especiales donde uno puede contar la mayor parte de su vida a alguna persona que posiblemente jamás vuelva a ver. Cada uno con un padecimiento diferente, una historia distinta, de lugares distantes de la capital, historias que sin lugar a dudas te cambian la vida, te hacen ser un mejor ser humano. Me siento tan bendecida de estar aquí.
A lo lejos se escucha la señora que vende helados y cuando llega a la clínica 14 el ambiente se torna como en una algarabía. La mayoría compran sus helados a 5 pesitos y las sonrisas afloran en sus rostros. Son esos momentos de felicidad que te da la vida, de poder disfrutar de un helado de nancite, coco o cocoa.
Son muchos los héroes anónimos de la clínica 14, hablo de doctores, enfermeros, enfermeras, familiares y los cientos de pacientes que se atienden aquí. La vida aquí pasa a otro ritmo, donde cada dia mujeres y hombres vienen con su granito de fe y esperanza en poder ser curados o bien buscando una mejor calidad de vida.
Esta es una experiencia de vida que te da un giro de 360 grados, se piensa y reflexiona sobre tantas cosas. Lo cierto es que uno mismo decide con qué actitud enfrentarla, llenarse de valor, fuerza y alegría de la mano de Dios y la familia, no es fácil pero toca trabajar en ello cada día de nuestra vida, de nuestra lucha, viviendo un día a la vez.
No se vale dejarse caer, aunque el enemigo interno siempre nos esté tentando, pues en ese mismo instante que lo hagamos, habremos perdido la batalla.
El cáncer es una enfermedad común, más común de lo que vos y yo creemos. No tiene en cuenta edad, género, color, religión, estatus social y económico, simplemente llega en cualquier momento y toca enfrentarlo con nuestras mejores armas: fortaleza, valentía y fe.
Hoy dedico este escrito a todos los héroes anónimos de la clínica 14, quienes a diario luchan contra el cáncer. Mi respeto, admiración y agradecimiento.
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| ¡Con mi mamá, una de mis héroes! |
Escrito el 18-07-17


